IGLESIA DE LOS JESUITAS O DE SAN ILDEFONSO

IGLESIA DE LOS JESUITAS O DE SAN ILDEFONSO

La iglesia de San Ildefonso está situada en un lugar privilegiado de la ciudad, en la zona más alta del Casco Histórico y con una de las vistas más espectaculares que podemos tener de la Catedral Primada de Toledo.

En 1558 los jesuitas reciben el permiso del arzobispo Carranza para establecerse en la ciudad imperial con el deseo de fundar además, casa profesa por contar la ciudad con universidad.

La Iglesia de San Ildefonso, también conocida como la de los Jesuitas, seguía el modelo de planta de las iglesias jesuitas de Palencia y de Alcalá de Henares y también el de la iglesia del Gesù, en la ciudad de Roma, que es la principal iglesia de la Compañía de Jesús.

Su construcción, se prolongaría durante más de cien años, comenzó en el año 1629, sobre unos terrenos adquiridos por los jesuitas de Toledo en 1569.

Su traza se atribuye al maestro mayor de la catedral, Juan Bautista de Monegro, aunque de la construcción se encargó el hermano jesuita Pedro Sánchez quien modificó los diseños iniciales lo que supuso cambios en la cabecera y la fachada.

Al morir en 1633 fue sustituido por el hermano Francisco Bautista, a quien se debe la fachada retablo de estilo barroco. En 1669 retomaría la obra el arquitecto toledano Bartolomé Zumbigo, arquitecto de Toledo, que terminó las torres y la fachada.

La obra fue acabada en 1765 por el salmantino José Hernández Sierra, a quien debemos la obra del crucero, cúpula, capilla mayor, ochavo y sacristía.

Dos años después los jesuitas son expulsados, por orden de Carlos III, de los territorios de la Monarquía (España y las Indias) y sus bienes incautados; bajo la acusación de haber sido los instigadores del Motín de Esquilache.

Su fachada en piedra tiene una gran vidriera con el emblema de la Compañía de Jesús y una sobria decoración con columnas corintias de orden gigante que enmarcan a modo de altar los nichos de los santos de la Compañía.

La advocación de la iglesia a San Ildefonso, obispo toledano del siglo VII se manifiesta en el relieve central de la “imposición de la casulla”.

La imponente cúpula semiesférica sobresale de lejos, e iguala en altura a la Catedral y al Alcázar.

En el crucero se sitúan dos magníficos retablos procedentes de la desaparecida iglesia de San Juan Bautista. En el lado de la epístola en el crucero, se encuentra el Bautismo de Cristo, pintado en 1702 por Alonso del Arco, mientras que en lado del Evangelio encontramos a San José, tallado por Germán López Mejía, autor también del apostolado repartido por la nave y crucero, además de la preciosa imagen de la Virgen del Socorro en la capilla relicario.

A diario, es posible visitar el interior del templo, pudiendo subir a una de sus torres desde donde se obtienen unas maravillosas vistas de la ciudad.

Se pueden visitar unos sótanos en los que hay, además de restos romanos, restos del subsuelo del monasterio de los jesuitas.

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