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LA PIEDRA DEL REY MORO

Si en algún lugar se confunde historia y tradición es sin duda en Toledo, multitud de rincones, de calles, de lugares, tienen su historia, historias heredadas de abuelos a padres e hijos.

Amores, desamores, culturas, religión, guerras… se mezcla todos estos ingredientes y resulta una leyenda, donde no se sabe dónde comienza la historia y donde termina la ficción.

Una de las más bonitas sin lugar a dudas es la que tiene como protagonista una Piedra, una pareja de enamorados, un rey Moro y la toma de una ciudad como Toledo.

La piedra del Rey Moro se encuentra a las espaldas del Mirador del Valle. Quizás uno de los miradores más impresionantes de la Ciudad y sin lugar a dudas el lugar desde donde más y mejor se ha fotografiado Toledo.

Nos situamos… año 1083 y siendo rey de Toledo Yahia Alkadir, Alfonso VI asediaba la ciudad de Toledo con el fin de tomar la ciudad del reino Moro de Toledo.

Yahia acudió a los reyes moros amigos, Los reyes africanos escucharon la angustiosa petición de ayuda que les enviaba un joven príncipe y valiente guerrero Abul-Walid como observador. Durante su estancia en Toledo se hicieron fiestas y torneos en su honor y conoció a Sobeyha, hermana de su anfitrión. El amor se prendió entre ambos jóvenes.

A Abul, no tuvo otro remedio que dejar Toledo, pero con la promesa de volver pronto con la ayuda precisa y con la intención de contraer matrimonio con Sobeyha.

Mientras Abul se hallaba en África reclutando gente y preparando todo lo necesario para volver a Toledo. Alfonso VI toma Toledo y Sobeyha, muere.

Abul-Walid sin saber lo ocurrido regresa a Toledo con un enorme ejército, pero al llegar frente a Toledo, las malas noticias llegaron a él: la ciudad ya no pertenecía a su pueblo, los cristianos habían conseguido tomarla, Abul se entera de la muerte de Sobeyha. El corazón de Abul se llenó de tristeza y dos lágrimas se escaparon de sus ojos, rodaron por sus mejillas y regaron el suelo de su tienda; más sacando fuerzas de flaqueza se repuso y exclamó: -He venido a liberar vuestra ciudad y cumpliré mi promesa. Quiero volver a pisar los lugares que ella tanto amó y es mi deseo visitarla en la tumba donde duerme su último sueño.

El ejército de Abul ocupó los alrededores de Toledo; la tienda de Abul-Walid, se colocó junto a la mayor peña que corona el cerro y domina el paisaje. A ella subía todos los días y al atardecer se sentaba allí arriba y permanecía absorto y pensativo hasta que las tinieblas se apoderan totalmente de la Tierra, mirando a la ciudad que guardaba en su seno los restos de la infeliz princesa Sobeyha. Dicen que muchas veces se le veía doblar la cabeza sobre el pecho y llorar amargamente.

Los cristianos, desde las almenas de la ciudad, veían todos los días al príncipe moro de pie en la alta roca y las numerosas tiendas y fogatas que cubrían todo el campo que se extendía ante su vista. El Rey Alfonso VI había partido para León a fin de resolver ciertos asuntos. Pero se encontraba en Toledo el Cid Campeador, a quien el rey había dejado al mando de la guarnición en el alcázar, el cual se propuso sorprender al ejército de Abul-Walid. Así, se adelantó a las intenciones enemigas y una noche, a favor de la oscuridad, salió de Toledo al frente de un numeroso ejército, atravesó sigilosamente el río y en un rápido despliegue dio un «golpe de mano» que sorprendió a las tropas musulmanas.

Al llegar las primeras luces del día, los musulmanes se dieron cuenta de su desastre y lo peor fue que encontraron a su rey muerto en la gran peña que casi nunca abandonaba.

Los jefes que aún permanecían vivos en el bando agareno se rinden al Cid y el Cid permite que el resto del ejército sarraceno vuelva a su tierra. Asimismo permitió que se enterrase el cuerpo de Abul-Walid bajo la roca, a fin de que se cumpliera su deseo de permanecer eternamente en ese lugar para poder contemplar, aunque fuera de lejos, la ciudad que acogía el cuerpo de su amada. Por eso, a esta roca que domina las alturas del cerro del Valle se la conoce desde entonces como la “Peña del rey moro”.

Pero la leyenda continúa…al pie de la «peña» se pueden ver varios peñascos colocados unos sobre otros y vistos desde una posición determinada, figura la cabeza de un hombre ceñida por un turbante.

La tradición toledana explica que el alma de Abul-Walid salía todas las noches de su sepultura y se sentaba sobre la gran roca para contemplar la ciudad donde yacía su amada. Al llegar el alba volvía a su tumba. Cierto día pidió a Alá que le permitiera permanecer allí constantemente y no le obligase a ocultarse en su sepultura y el dios, viéndole tan desgraciado, le otorgó lo que pedía convirtiéndolo en piedra.

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