1856-1030x688

SINAGOGA SANTA MARÍA LA BLANCA

Santa María la Blanca  templo  construido en el 1180 como sinagoga y, habiendo funcionado como tal durante 211 años, fue expropiada y transformada en iglesia como consecuencia del pogromo de 1391. En la actualidad el edificio pertenece a la Iglesia católica, pero no se realiza culto en él. Se encuentra abierto al público y funciona como museo o centro en el que se desarrollan actividades tanto culturales como educativas.

Sobre sus artífices sin embargo existen varias teorías: por un lado, los que identifican la de Santa María la Blanca como la Sinagoga Mayor de Toledo apuntan como su mentor a Abraham Ibn Alfachar, consejero de la corte de Alfonso VIII.. Ya desde sus inicios, ese templo formaba parte de las diez sinagogas toledanas consideramos por Yehuda ben Shlomo al-Jarizi en sus escritos del siglo XII:

Durante años los hebreos acudieron a la Sinagoga Mayor para orar y estudiar la Biblia, mas esto fue interrumpido por el asalto al barrio judío en 1355 y matanzas en 1391, ocasionados por los incendiarios discursos de Ferrán Martínez, Arcediano de Écija.

En el contexto de la campaña de predicación de San Vicente Ferrer el edificio fue convertido en iglesia de la Orden de Calatrava bajo la advocación de la Virgen en 1411 y, desde entonces, se lo denominó “Iglesia de Santa María la Blanca”.

En 1550, el cardenal Siliceo la transformó en un beaterio para mujeres públicas arrepentidas. De entonces data el retablo de la escuela de Berruguete, obra de Juan Bautista Vázquez el Viejo y Nicolás Vergara el Viejo.

Con la invasión napoleónica de principios del siglo XIX fue convertido en depósito. A mediados del mismo siglo se lo declaró monumento nacional y, tras la guerra civil española, un real decreto del gobierno lo cedió a la Iglesia católica. Con todo, no es para nada inusual referirse a dicho edificio como la “Sinagoga de Santa María la Blanca”.

Más allá de los elementos esenciales que toda sinagoga debía poseer en función de la liturgia, si por algo se caracterizan los edificios de culto judío es por su escasa homogeneidad; y es que el pueblo sefardí, siempre abierto y en convivencia con otras comunidades religiosas, no renunció a asimilar para sus construcciones elementos propios de otros cultos; en el caso de Toledo, cristianos y musulmanes

Así, en la propia urbe toledana, llama la atención el hecho de que las dos grandes sinagogas conservadas como son la del Tránsito y la que nos ocupa, muy poco tienen que ver entre sí desde un punto de vista constructivo ya que, mientras la primera se presenta como un gran espacio diáfano, la de Santa María la Blanca reproduce visiblemente la disposición espacial en naves paralelas de una mezquita musulmana, como varias habría en la ciudad cuando fue levantada.

De hecho consta que para la erección de la Sinagoga de Santa María la Blanca, la comunidad judía recurrió a alarifes y canteros musulmanes, los cuales, no tuvieron problema alguno en dotarla de notorios mudejarismos tan de moda en el Toledo del momento.

Al exterior, como es denominador común en la mayoría de sinagogas judías y en cumplimiento del precepto oriental de “vivir hacia el interior”, la de Santa María la Blanca destaca por su marcada austeridad, la cual, difícilmente le permite ser reconocible como tal desde fuera más allá del moderno azulejo anunciador junto a la entrada.

Esa extrema sencillez exterior contrasta, una vez rebasado el pequeño patio exterior, con la suntuosidad y la luminosidad de su interior, estructurado en cinco naves paralelas cubiertas con artesonado de madera y separadas entre sí por arcos de herradura que descansan sobre pilares octogonales rematados cada uno de ellos por capiteles de estuco decorados.

Santa María la Blanca es una de las sinagogas más representativas de culto hebraico medievales en España, habiendo servido de modelo para  construcciones similares en España y fuera de España.

Tags: No tags
0

Add a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *